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El boletín mensual del Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP) - 15 Feb 2017
El extracto publico

En la crisis sistémica global por la que estamos pasando, nuestro equipo, desde hace ya varios años, llama “niebla estadística” a la incapacidad de los instrumentos que existen actualmente para medir la economía real, así como a la manipulación de estos instrumentos con el fin de hacer que los discursos políticos parezcan congruentes con los resultados (o al contrario). Si dejamos a un lado esta tentación de manipulación, esta “niebla estadística” proviene igualmente del hecho de que la economía está evolucionando profundamente, y los indicadores de ayer (PIB, desempleo, etc.) ya no son relevantes en el mundo de hoy en día.  Tras algún que otro inútil intento de transformación de estos indicadores desde hace más de una década, de nuevo vemos cómo nacen nuevas iniciativas que esta vez sí prevemos sostenibles, y que generarán cierta confusión a corto plazo, antes de integrarse de aquí a 2025, bajo el liderazgo de instituciones internacionales como el G20.

Los límites de los dos indicadores estrella

Los debates y propuestas de las campañas electorales demuestran que solo cuenta la tasa de crecimiento del PIB por una parte y la tasa de desempleo por otra. No es de extrañar en un sistema en el que el trabajo, al igual que el aumento de la “riqueza”, tiene un papel central. Estos dos indicadores han orientado las políticas durante largas décadas, con resultados que pueden considerarse satisfactorios en muchos aspectos. Sin embargo, si cada punto de crecimiento es más difícil de obtener y la tasa de desempleo permanece constantemente alta, es por una razón. La sociedad está en plena transformación radical y estos dos indicadores, que no reflejan esta evolución, están empezando a quedar obsoletos. Como veremos, sus limitaciones se deben a varios factores. Está el factor estadístico por una parte, el político o ideológico por otra, pero fundamentalmente se deben al hecho de que estos indicadores, de por sí, no miden el desarrollo armonioso de una sociedad[1]

Ambas medidas son tan emblemáticas que, evidentemente, son objeto de una intensa presión política y de constantes comparaciones internacionales. Y ahí es donde surgen los primeros problemas. ¿Cómo pueden compararse economías que funcionan con monedas diferentes, cuyos tipos de cambio no paran de oscilar drásticamente[2]? Ya hemos visto las pésimas consecuencias que puede tener la utilización de una referencia única, el dólar. Otro de los muchos ejemplos que podríamos dar es que EE.UU. es, de lejos, el primer país en términos de PIB nominal expresado en dólares, mientras que está por detrás de China en paridad de poder adquisitivo (PPA).

Gráfico 1 – Países clasificados según su PIB en paridad de poder de adquisición, 2014. Fuente: The Conversation

Otro ejemplo, ¿qué sentido tiene la comparación del crecimiento del PIB en EE.UU., donde la población crece un 0,7% al año[3], con el de la zona euro, donde la población crece solamente un 0,3% al año[4]? ¿Por qué comparar la renta per cápita entre un país donde servicios esenciales como la educación o la sanidad cuestan dinero, y otro donde son gratuitos?

Las comparaciones relativas a la tasa de desempleo son aún más delicadas, pues los métodos de cálculo difieren entre países. Muchas veces, citamos la página web ShadowStats por su cálculo alternativo de la tasa de desempleo en EE.UU., sin duda más fiel a la “realidad” (al menos la vivida por la mayoría de estadounidenses) y que nos da una imagen singularmente diferente del mercado laboral estadounidense…

Gráfico 2 – Tasa de desempleo en EE.UU. Rojo: oficial; gris: U6; azul: ShadowStats. Fuente: Shadowstats.

En el caso de la tasa de desempleo, las estadísticas no miden lo que aseguran medir (o más bien, lo que entendemos comúnmente por “paro”), resultando engañosas. Lo mismo para el PIB, que no es más que un pésimo reflejo de la “riqueza” de una nación. Así, resulta todavía más perjudicial cuando estas estadísticas sirven de guía para la creación de una política económica, como por ejemplo la moderación salarial en Alemania en detrimento de sus asociados europeos, o el dumping fiscal irlandés para atraer a las multinacionales.

El mundo de antes y el mundo de después

Pero estos defectos poco importarían si el problema no surgiera del propio significado de estos indicadores. Algunos se preguntan si el PIB sobrevivirá a la evolución tecnológica[5] (¿cómo medir una economía en la que 10€ permiten comprar un CD, pero también un mes de música ilimitada en directo?), pero el asunto va mucho más allá, aunque efectivamente, está relacionado en parte con el nacimiento de Internet:

  • La explosión de servicios en línea fomenta una deflación estructural al permitir hacer gratuitamente, o a un precio ridículo, lo que antes requería a un profesional.
  • La explosión del mercado de ocasión y de los servicios entre particulares, no contabilizado y considerablemente difícil de contabilizar en el cálculo del PIB, deja todo un sector de la actividad económica al margen de las medidas oficiales.
  • La lenta concienciación ecológica permite quitar importancia al hecho de que una marea negra en el golfo de México tenga un impacto positivo sobre el PIB[6], o de que se esté utilizando la amenaza de un menor crecimiento para evitar abordar los problemas medioambientales, o de que simplemente la destrucción de los recursos no renovables se fomente cuando el objetivo es maximizar el PIB.
  • Las nuevas formas de negocio, como la economía colaborativa, o la caridad, por ejemplo, escapan en gran parte a estos instrumentos estadísticos.
  • Las desigualdades[7], ignoradas en el PIB (o incluso exageradas a partir de un cierto umbral, si el único objetivo a corto plazo es hacer crecer el PIB[8]), pesan sobre la cohesión de la sociedad, etc.

En resumen, el problema del PIB es que solo mide parte de la actividad económica de una sociedad (fenómeno que se está acrecentando por el cambio actual de paradigma), que ignora las externalidades negativas y que ha sido concebido para un uso muy específico, y sin embargo hoy en día se usa para determinarlo todo[9].

Gráfico 3 – Amplitud de las correcciones sucesivas de la evaluación del crecimiento anual del PIB en EE.UU., 2010-2016. Fuente: Bloomberg.

Por otra parte, en un mundo en el que hay pocos empleos que no se vean amenazados a medio plazo por la automatización, la inteligencia artificial y la robotización, y en el que la escasez de empleo (en su forma actual) cada día es más patente, donde el mercado laboral está cambiando, donde se habla con más insistencia de la renta universal… la tasa de desempleo está empezando a sufrir los mismos males que el PIB. Se trata de un indicador del mundo de antes que cada vez está menos adaptado a las nuevas realidades. En resumen, cuanto más “eficaz” es una sociedad moderna, menos trabajadores necesita, y esta es una de las razones por las que la tasa de desempleo ya no es un indicador adaptado.

Por tanto, es de urgente necesidad revisar en profundidad estos indicadores, o simplemente cambiarlos, para orientar políticas que, esta vez, estén al servicio del hombre y del futuro.

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