Su inteligencia del futuro
EDITORIAL
El verano ha sido caluroso. El inicio del curso social y político europeo promete serlo aún más.
Las impresionantes olas de calor de este verano han servido, por supuesto, para reducir el número de escépticos o indiferentes ante el cambio climático, pero también para avivar la ira generalizada contra los responsables políticos que parecen más preocupados por la competitividad tecnológica y la militarización que por el medio ambiente. El verano habrá contribuido, por tanto, a agudizar la sensación de abandono de las poblaciones europeas por parte de unas élites financieras y políticas que parecen moverse en universos paralelos al nuestro.
Esto ya es motivo suficiente para alimentar un comienzo de curso social agitado.
. Pérdida de productividad debido a las olas de calor de este verano (las temperaturas extremas de 2026 han provocado pérdidas de productividad, especialmente en la construcción y la agricultura —se estima una caída del 10% en la producción[1]);
. Mala temporada turística en el sur de Europa debido a las perturbaciones en el transporte, los cortes de agua y las evacuaciones relacionadas con los incendios, lo que ha supuesto un fuerte impacto sobre los presupuestos locales y nacionales. Los costes directos se estiman entre 10.000 y 15.000 millones euros[2];
. Repunte de la inflación en la zona del euro (estimada en un 3,3% al inicio de este curso[3]);
. Desaceleración del crecimiento de la zona euro (en torno al 1,2%) y del empleo (0,5%)[4];
. Aumento de la inquietud en torno a la deuda soberana de varios países, con la perspectiva de una fuerte subida de los costes de financiación y de riesgos de insolvencia. Empezando por uno de los gigantes económicos de la UE, Francia: 3,5 billones de euros, equivalentes al 117,5 % del PIB[5], con unos tipos que ya superan el 4%[6];
. Creciente fragilidad económica de los hogares,…
La UE va mal. Y lleva así desde 2009, zarandeada por los vientos de una historia violenta, marcada por grandes reconfiguraciones geopolíticas, procesos de emancipación y odios populares, revanchas poscolonialistas, dolorosos flujos migratorios, la aparición de nuevas soluciones… La competencia exacerbada entre las distintas zonas de la aldea global da lugar a una forma inédita de guerra civil que golpea con especial dureza al modelo europeo. Más aún porque su modelo de gobernanza democrática no se consolidó antes de que estallara esta crisis sistémica mundial, ampliamente anticipada.
La UE no dispone, por tanto, de los medios políticos necesarios para hacer frente a estos fuertes vientos. Pero la población empieza a sufrir. Y las olas de calor del verano le recuerdan que los grandes desafíos son globales y que, para afrontarlos eficazmente, hace falta un mundo en paz. Es cierto que estas tendencias son relativamente lineales y cabría pensar que, al igual que la rana sumergida poco a poco en agua hirviendo, los europeos se van acostumbrando gradualmente a ellas. Sin embargo, hay otra característica — de carácter sistémico en este caso— capaz de «despertar» a los europeos: hasta la irrupción de la IA a finales de 2022, los responsables de la crisis climática éramos nosotros, los seres humanos, y en particular nosotros, los europeos, con nuestro consumo, nuestra movilidad, nuestra riqueza desmesurada… Pero desde hace unos meses, un año como mucho, oímos cada vez con mayor claridad que los data centers y las demás infraestructuras físicas necesarias para el desarrollo descontrolado de unas tecnologías cuyos beneficios percibimos cada vez menos están tomando el relevo de nuestra propia huella ambiental[7]. Si bien resultaba difícil enfadarse con uno mismo en el anterior marco de comprensión de la crisis climática[8], la situación puede cambiar radicalmente a medida que las responsabilidades se externalicen y empiecen a señalar hacia las inmensas fortunas del sector tecnológico al otro lado del Atlántico.
Este punto de inflexión está en consonancia con el «retorno de lo humano» que hemos identificado como tendencia de fondo para los próximos 20 años en el GEAB 201, nuestro número aniversario. También sugiere un retorno de la política en el sentido militante del término, acompañado de una recuperación del sentido de las reivindicaciones sociales y medioambientales.
En Estados Unidos, los magnates tecnológicos ya se ven obligados a rodearse de dispositivos de ciberseguridad cada vez más costosos[9], mientras comienzan a organizarse protestas en torno a la construcción de data centers[10]. En Europa, esta toma de conciencia y este cambio psicológico encontrarán una expresión concreta en varias fechas que conviene incorporar al calendario de seguimiento de esta anticipación: el 26 de septiembre, los europeos están llamados a participar en grandes Marchas por el Clima en todo el continente[11]: ¿qué dinámicas surgirán (o no) de estas movilizaciones? Del 9 al 20 de noviembre se celebrará la COP31 en Antalya (Turquía)[12]: ¿qué movilizaciones y oleadas de indignación rodearán esta cumbre? (aunque, por suerte, la Turquía de Erdogan es un país anfitrión ideal para mantener a raya a las multitudes). Pero la indignación no se expresará únicamente en torno a los temas climáticos, ni tampoco exclusivamente en la calle. La presión aumentará sobre los gobiernos de toda la UE, añadiendo un nuevo grado de dificultad a la acumulación de problemas que deben gestionar sin disponer realmente de los medios necesarios.
Se acerca, por tanto, la hora de elegir prioridades. Ningún país podrá hacerlo todo a la vez: afrontar la guerra, competir tecnológicamente, mantener el Estado del bienestar, proteger el medio ambiente… Los Estados europeos empezarán así a establecer prioridades diferentes entre sí y las tensiones que hasta ahora se concentraban en las fronteras del continente comenzarán a trasladarse al interior de la Unión.
La agenda política de este inicio de curso y del primer semestre de 2027 ofrece numerosas oportunidades para que se produzcan cambios de rumbo capaces de redibujar un mapa político europeo cada vez más fragmentado, cuyas líneas esbozamos a grandes rasgos en este número.

Marie-Hélène Caillol,
Directora editorial, cofundadora del GEAB
Para leer el número completo, INICIAR SESIÓN / REGISTRARSE
______________
[2] Fuente: Biggo Finance, 17/08/2026
[3] Fuente: Comisión Europea, 1/09/2026
[4] Fuente: Comisión Europea, 14/08/2026
[5] Fuentes: Euractiv, 7/09/2026 y Channel STV, 3/09/2026
[6] Fuente: France24, 3/09/2026
[8] Aunque se pueda relacionar la corriente política «woke» con una forma de lucha contra nosotros mismos (nosotros, los blancos, pero en última instancia también nosotros, los seres humanos…), lo cual es muy coherente con la enorme responsabilidad medioambiental que se ha hecho recaer sobre los hombros de los jóvenes en particular durante unos veinte años — y que, en nuestra opinión, está llegando a su fin.
[9] Fuente: Washington Times, 10/09/2026
[10] Fuente: NBCNews, 9/09/2026
[11] Fuente: The Connexion, 9/09/2026
[12] Fuente: Table Briefings, 30/07/2026
ANTICIPACIÓN El famoso «momentum» que ha transformado la guerra en Ucrania en una fuente de ingresos para numerosos países europeos va a chocar ahora con el creciente peso que la [...]
ANÁLISIS A 70 kilómetros de Polonia, una ciudad ucraniana en pleno auge económico está dando forma a la Europa ampliada del mañana: Leópolis. En enero de 2026, un misil balístico [...]
TENDENCIA Durante mucho tiempo, el lujo se ha confundido con la visibilidad y la ostentación. Sin embargo, en la Europa digital que se está configurando, esta lógica podría invertirse progresivamente, [...]
VISIÓN Impulsado por la guerra en Ucrania y por una profunda aspiración a la soberanía, el sector espacial europeo atraviesa un momento de fuerte impulso. Tanto es así que, de [...]
CALENDARIO 14-17 de septiembre: Sesión plenaria del Parlamento Europeo (Estrasburgo) Esta sesión y el discurso de Ursula von der Leyen son cruciales porque, desde el punto de vista económico, determinarán [...]
Las recomendaciones que siguen son fruto de un enfoque de anticipación sistémica propio del GEAB. No constituyen ni asesoramiento financiero personalizado ni incentivos a la inversión. En un contexto de [...]