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El boletín mensual del Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP) - 15 Nov 2017
El extracto publico

Como venimos anticipando desde hace dos meses, la etapa final del año 2017 promete numerosos giros y riesgos de escalada diversos. Actualmente, la atención se centra en Oriente Próximo, la bomba de relojería del mundo, y en las tensiones en torno al Líbano, protagonizadas por nada menos que EE.UU., Rusia, Israel, Arabia Saudita e Irán. Los detalles del asunto dan escalofríos, con la dimisión/retirada de un primer ministro (el libanés prosaudí Saad Hariri), la alianza israelita-saudí contra el Hezbolá, los misiles hutíes (Yemen) lanzados en dirección a Riad, poniendo en cuestión a Irán de manera directa… Todo esto unido al hecho de que la crisis catarí aún no se ha resuelto y de que el presidente Trump parece estar en todas partes. ¿Nos encontramos a las puertas de un ataque de Israel contra el Líbano a petición de Arabia Saudita[1], como afirma el muy carismático secretario general del Hezbolá Hassan Nasrallah[2]? ¿Debe Europa prepararse para una nueva ola migratoria con consecuencias evidentemente catastróficas? ¿O debemos leer entre líneas e ir más allá de los códigos habituales de lectura? Una cosa es segura, Oriente Próximo está a punto de entrar con paso firme en una nueva era. Y nuestro equipo tratará de anticipar en qué consiste esta nueva era.

A primera vista

De acuerdo con los códigos de lectura del siglo XX (basados en dos principios fundamentales: 1/ EE. UU. hace y deshace a su antojo y 2/ una simple estrategia tomada de los británicos basada en el principio de “divide y vencerás”), he aquí la primera interpretación que aflora mentalmente:

Arabia Saudita, Israel y EE.UU. están preparando un ataque al Líbano contra el Hezbolá e Irán. EE. UU. tiene a China atada con Corea del Norte – una excusa para arrimar la flota militar estadounidense a la costa china –, amenazando con desatar un ataque si China se mueve y desencadenar así el efecto dominó desestabilizador que esta trata de evitar a toda costa. Igualmente, tiene en jaque a Rusia en el Mar Báltico (donde se cruzan las fuerzas de EE.UU. y la OTAN), amenazando con poner en marcha un segundo frente si mueve un pie en Irán/Líbano (en un desprecio absoluto por los intereses más evidentes de su aliado europeo). Teniendo en cuenta que Europa es un cero a la izquierda, EE. UU. tendrá vía libre para atacar a las fuerzas prochiitas en Oriente Próximo, posiblemente enfrentarse a Irán de manera directa y recuperar el control de toda la región.

Los intereses estadounidenses detrás de toda esta estrategia son bastante evidentes… el aumento de los precios del petróleo que se derivaría de una crisis como esta, el refuerzo de la presencia militar estadounidense en la región y, ante todo, el hecho de apartar de nuevo la posibilidad de que el petrodólar sea destronado. EE.UU. está negociando con Arabia Saudita para brindarle su apoyo en la guerra contra Irán a cambio de mantener el petróleo saudí exclusivamente ligado al dólar.  En cuanto a los intereses de los dos otros protagonistas, Israel se lograría deshacerse de su archienemigo y dar un paso más hacia el Gran Israel en medio del caos general[3] y Arabia Saudita conseguiría generar un caos “a lo Libia” en Irán y recuperar las cuotas de mercado petroleras de su archienemigo. Con respecto a las voces opositoras, ya se encuentran en prisión a causa de la purga recientemente efectuada por el nuevo príncipe heredero Mohammed bin Salman.

Un escenario bien engrasado, clásico, presenciado innumerables veces… que además tiene el mérito de validar la tesis de la omnipotencia estadounidense en un mundo donde todo es cuestión de comunicación.

A menos que…

Contradicciones en el escenario simple

Para empezar, resulta inevitable recalcar ciertas contradicciones del asunto:

. ¿En qué contribuye a la causa saudí apartar al peón saudí del Gobierno libanés, Saad Hairi, cuando por lógica contribuye más bien a la causa iraní?

. ¿Cómo puede ser que la purga de Mohammed bin Salman tenga como objetivo a conocidos antiiraníes como Al-Walid bin Talal, que armó un gran escándalo en 2015 cuando cínicamente prometió coches de lujo a los pilotos saudíes que bombardearan Yemen[4]? Sin mencionar que el príncipe posee varios medios de comunicación fundamentalmente difusores del mundo árabe.

. ¿Por qué la purga también ha afectado a personalidades que suponen una amenaza para la adquisición del 5% de ARAMCO por parte de dos empresas estatales chinas (PetroChina y Sinopec), como Ibrahim al-Asaf[5][6]?

. ¿Por qué EE. UU. está interesado en un aumento de los precios del petróleo, cuando ahora está apostando por una bajada de los precios, lo que sería más conveniente para su economía (y evitaría un fortalecimiento excesivo de los países de la OPEP)?

. ¿Cómo podría un ataque contra Corea del Norte, a pocas semanas de los Juegos Olímpicos de invierno de Pyeongchang en Corea del Sur y a pocos kilómetros de Pyongyang en Corea del Norte, ser más viable para el bando occidental que para China?

. ¿A qué sirven, si no a los intereses saudíes, los abusos de autoridad del príncipe bin Salman? ¿y cómo podrían los intereses saudíes arriesgarse a desatar un conflicto abierto con Irán, Rusia, China y Turquía?

. ¿Por qué Arabia Saudita acaba de poner fin al bloqueo de Yemen?[7]

. ¿Cómo se explica el silencio por parte de las autoridades iraníes?

. ¿De dónde viene la repentina amistad entre Trump y Putin, quienes han declarado conjuntamente que la solución del caso sirio debe ser forzosamente política y han dado fe de la buena voluntad de Bashar al-Asad de iniciar una transición política?

El escenario de ataque a Irán entre 2008 y 2017: ¿qué ha cambiado?

Comparemos ahora la situación de Oriente Próximo en 2008 (en un momento en que estimábamos un altísimo riesgo de ataque a Irán por parte de Israel, bajo tutela estadounidense[8]) y la situación actual.

. La primera gran diferencia es el papel que desempeña actualmente Rusia en la región. Una Rusia que establece vínculos entre Israel, Irán y Arabia Saudita, que ha hecho posible la superación del estancamiento sirio, que ha reactivado la OPEP… en definitiva, que posee una reputación muy sólida en materia de resolución de crisis en la región.

. La otra principal diferencia es que han emergido en la región importantes agentes regionales con mayor independencia estratégica e influencia política real. Por ejemplo, Erdogan en Turquía, que también ha ejecutado una purga para reforzar su poder y se ha liberado de la tutela occidental de la OTAN. Mohammed bin Salman, el recién llegado que ha situado en la escena política de Oriente Próximo lo que hasta hace poco no era más que un criptoagente saudí[9]. Irán, que ha obtenido victorias significativas en Siria e Iraq, no da su brazo a torcer con Yemen y está haciendo que Qatar se ponga de su parte… y todo bajo la dirección de un presidente reformista bastante invulnerable, Hasán Rouhaní, ampliamente reelegido hace poco. Y por supuesto Israel, que guarda amistad con Rusia y EE.UU. a la vez[10].

. Europa, que ya ha experimentado en sus carnes el impacto de una crisis migratoria y no podría permanecer pasivo ante la amenaza de un segundo impacto.

. En Europa, el regreso de Francia a la escena internacional, gracias a un dirigente, Emanuel Macron[11], intrínsecamente europeo, pero a la vez arraigado a una tradición francesa de política exterior (en Oriente Próximo, más bien equilibrada entre árabes, israelíes e iraníes) que nos obliga a reflexionar dos veces sobre lo que significa su repentino cambio de opinión con respecto a los acuerdos nucleares iraníes[12].

. EE.UU. ha cambiado su modo de gobernanza y su posicionamiento geopolítico con la llegada al poder de un dirigente más acorde con los criterios de credibilidad política del mundo emergente, que con los valores democráticos europeos, Donald Trump.

. Un detalle: en 2008, estimamos que un ataque contra Irán, para tener posibilidades de éxito, tendría que haberse ejecutado por sorpresa, sin señales de alerta. A día de hoy, no podría ser así dada la bravuconería y los efectos de la comunicación.

. En fin, han pasado nueve años y cabe esperar que se hayan concebido soluciones para hacer frente al destronamiento finalmente inevitable del dólar y la transición hacia un mundo multipolar. Como ya hemos analizado en estas páginas, la depreciación del dólar podría ser una de las soluciones a la deuda estadounidense… En cuanto al petróleo, EE.UU. ha optado por la autonomía y se ha preparado económicamente para desprenderse definitivamente de su gran proveedor saudí.

. Con respecto a Oriente Próximo, como ya hemos explicado/anticipado en numerosas ocasiones, el EIIL ha hecho que la región se movilice en torno a un enemigo común que ya no es Israel. Las rondas diplomáticas y las diversas alianzas a las que la guerra contra el EIIL ha dado lugar son ya hechos históricos sobre los que es posible construir…

… construir la paz que ya hemos anticipado innumerables veces en estas páginas y que constituye el eje central del segundo escenario anticipativo, explicado a continuación.

Una Arabia Saudita en mal estado sueña…

Como punto de partida de este escenario, Arabia Saudita, que acaba de enviar fuertes señales de cambio. La cuestión es saber si Mohammed bin Salman está preparando al país para la guerra o la paz.

Bin Salman está recuperando un país en el cual ya desempeñaba un papel nada desdeñable últimamente – especialmente en la guerra contra Yemen y la crisis qatarí[13] – pero que no es “su” Arabia Saudita. La situación en la que se encuentra el país que está tratando de recuperar es en realidad más bien desastrosa:

. Una reputación espantosa en la escena internacional. 

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