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El boletín mensual del Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP) - 15 May 2017

Economía: llueven las buenas noticias. Las elecciones presidenciales francesas en el núcleo de una operación europea de recuperación del control mediático

La voz de Francia en el mundo parecía haber desaparecido, al menos en 2007, bien lejos del resplandor de la diplomacia francesa en 2003, cuando el país se opuso a la Guerra de Irak. Y sin embargo, cuando creíamos que al país no le quedaba un ápice de influencia, las elecciones presidenciales francesas de 2017 han atraído una atención internacional apenas vista, señal de que la insignificante Francia quizás no sea tan insignificante cuando amenaza con elegir una presidenta de extrema derecha en el corazón de Europa.

Pero la sentencia está dictada y el mundo vuelve a respirar[1]: aunque Francia sea el país occidental que más ha sufrido el terrorismo en los últimos años, los franceses han evitado caer en la xenofobia y el repliegue, rechazando por más de un 65% a la candidata de extrema derecha, Marine Le Pen. Es así como un auténtico tecnócrata como Emmanuel Macron ha acabado en la Presidencia. ¿Cómo ha llegado hasta allí? ¿Qué significa este resultado? ¿Qué consecuencias sufrirá Europa?

En este artículo, expondremos una serie de observaciones bastante amargas sobre los mecanismos que han llevado al poder a Emmanuel Macron. Sin embargo, vamos a permitirnos mostrar cierto optimismo (prudente) con respecto al potencial de salida de la crisis que ya se puede entrever, precisamente teniendo en cuenta las fuerzas que han contribuido a esta elección.

El marketing vale la pena

Nuestros lectores franceses que han vivido la campaña desde el interior lo saben de sobra: es el candidato de los medios de comunicación el que ha ganado. Apenas existen voces discrepantes en el panorama mediático, que ha impuesto a Macron en un acuerdo bastante increíble. Es cierto que no podían apoyar a Le Pen y Mélenchon, demasiado “extremos”, ni tampoco a Fillon, tras los “casos”, o a Hamon, que se ha quedado completamente solo. Por tanto, entre los cinco posibles, solo quedaba el candidato del “centro”. Pero en realidad, la campaña mediática a favor de Macron había comenzado mucho antes de todo esto.

Desde que lo designaran miembro del gabinete de consejeros de Hollande en 2012, se ha puesto a su servicio una máquina mediática con el fin de fabricar, en cinco años y de la nada, un presidente francés ¡sin partido, sin base y sin programa! La primera señal de esta “fabricación” fue su aparición en primera posición en la lista de los 100 líderes económicos de mañana, publicada por el Instituto Choiseul[2], de la que los diarios franceses, empezando por Le Figaro, se han hecho gran eco.

La trama que se está urdiendo tras Emmanuel Macron nos tiene intrigados desde hace bastante tiempo. Es por ello que su nombre ha aparecido varias veces entre las líneas del GEAB. Desde que comenzó la campaña, venimos anunciando que el “sistema” quería una segunda vuelta Macron – Le Pen… La cuestión era saber si llegaría. Sobra decir que, independientemente de lo que acabáramos por pensar de la gobernanza de Macron, la operación de su posicionamiento en el poder es un indicador suficiente del estado de la democracia francesa. Solo nos queda esperar que este posicionamiento en el poder sea, sin embargo, para bien.

Con las elecciones relativamente cerca, la inclinación mediática a favor de Macron comenzó a hacerse evidente para todos en septiembre de 2016[3], algo que no cambió hasta el 7 de mayo de 2017.

Gráfico 1 – Número de artículos en Le Monde cuyo título contiene el nombre del candidato, de abril de 2016 a marzo de 2017. Fuente: Acrimed.

Un “macronismo” denunciado, por ejemplo, por la redacción de Challenges[4], preocupada por la línea editorial demasiado partisana de su periódico. En efecto, Francia ha elegido a un auténtico producto del marketing. La prueba es que Macron poseía el 20% de la intención de voto, antes de que siquiera se conociera su programa[5]… Laurent Joffrin escribía: “Es el antisistema en el corazón del sistema, el que promete lo nuevo en lo antiguo, que ejerce la política fustigando a los políticos. […] Liberal, pero social, europeo, pero patriota, salido de la ENA, pero también filósofo, banquero, pero militante, voluntario, pero realista, audaz, pero prudente, laico, pero religioso, joven, pero ídolo de la tercera edad[6]”.

No obstante, a pesar del entusiasmo de los medios de comunicación, solo se han equivocado la mitad de los franceses. En la primera vuelta, Macron obtuvo menos votos que Hamon y Mélenchon en conjunto (algo lógico teniendo en cuenta que sus dos programas eran similares). Y, sin embargo, en la segunda vuelta frente a Le Pen, en realidad solo ganó el 44% de los votos de los electores inscritos (sobre un fondo de abstención masiva y una proporción de votos en blanco o nulos sin precedentes) y, entre ellos, al menos el 43% solo le votó para bloquear al FN[7]. Es decir, que en realidad solo ha convencido a un cuarto de los franceses.

Gráfico 2 – Segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2017: reparto porcentual de los votos. Fuente: France TV info.

Una sorprendente lluvia de buenas noticias

Resulta muy interesante analizar el método mediático para comprar la adhesión. Evidentemente, no se trata de un caso aislado[8], pero sí es particularmente flagrante.

En primer lugar, había que hacer de Macron un fenómeno mediático, como ya hemos podido comprobar, para paliar la inexistencia de un partido y la falta de apoyo popular en el lanzamiento de su campaña a mediados del 2016 (creación del movimiento “¡En marcha!” en abril, reunión en julio, dimisión del Gobierno a finales de agosto[9]). La imagen, más que las ideas, ha sido crucial aquí.

Y lo que es más difícil, había que dar un increíble giro de 180º, cambiando drásticamente el tono sobre los resultados de la política de Hollande, hasta entonces muy estigmatizada, y de la cual Macron, como ministro de Economía, era en gran parte responsable. Y, ya sea por casualidad o por arte de magia, desde mediados del 2016, pero especialmente desde que François Hollande anunciara que no se presentaría a las elecciones presidenciales, ¡los medios de comunicación nos han ofrecido un montón de buenas noticias! Reactivación del crecimiento[10], reducción del desempleo[11], disminución del déficit[12]… ¿el temprano anuncio de la atribución de los JJ.OO. de 2024 a París?[13] Gracias a la agenda social-liberal, Francia se convertiría prácticamente en uno de los motores de una zona euro que se está convirtiendo en la locomotora del mundo[14], al menos de Occidente, frente a unos EE.UU. en crisis[15] (es lo que se llama un mal voto).

No queremos decir que estas buenas noticias sean totalmente inventadas (evidentemente, reflejan una realidad), pero como nuestros lectores saben, ya que lo hemos analizado muchas veces, las dificultades de la zona euro se ven considerablemente aumentadas y agravadas por una lectura mediática ampliamente sesgada, proveniente del otro lado del Atlántico, pero sin duda amparada por intereses propiamente europeos.

Lo que revelan todas las buenas noticias que nos llueven desde hace meses, es una recuperación del control mediático: el arte de olvidar las malas noticias y presentar como un buen día lo que antes no tenía por qué considerarse como positivo. Todo lo contrario a la estrategia mediática de los últimos años, que consistía en ridiculizar constantemente a Francia (para forzar el cambio) y a la zona euro (en el marco de una política prodólar).

En cuanto a estos dos últimos puntos, se ha producido un cambio. Con Macron en la Presidencia, se abre la posibilidad de que se lleven a cabo las reformas económicas esperadas (ya no hay razón para exagerar los aspectos negativos) y, con Trump en la Presidencia de EE.UU., el apoyo a una política prodólar ha perdido fuerza.

Estando Macron unánimemente respaldado por el “sistema” actual, huelga decir que, al principio de su mandato, las buenas noticias van a continuar lloviendo, con el fin de apoyar sus acciones. Así, les invitamos a leer los periódicos con la perspectiva necesaria.

El “sistema” que nuestro equipo ve fraguarse tras Emmanuel Macron es de los más poderosos y sobrepasa ampliamente las fronteras francesas. Creemos que se trata de ciertos empresarios que poseen el 100 % de los medios de comunicación franceses y, por tanto, también el 100 % de la vida política francesa (las pruebas están ahí), pero que han incorporado, en torno a sí mismos y a su arsenal mediático, el conjunto de grandes empresas y multinacionales del CAC 40, ellas mismas al servicio de intereses similares en Europa y más allá. Y el hecho es que, en el caos provocado por la crisis mundial sobre una Europa tan débil políticamente, era necesaria una cierta coherencia para recuperar el control de los asuntos de actualidad del continente. Dada la ausencia de políticas a nivel continental, son los agentes económicos europeos los que se han puesto a trabajar… y han elegido a Francia como punto de partida de su estrategia de recuperación del control. Y con razón, pues una Europa sin Francia, como ya hemos dicho muchas veces[16], no tiene ninguna posibilidad de funcionar ni de continuar en la creación de la unidad.

La democracia, en cualquier caso, no tiene nada que ver con esto. En cierto modo, la elección de los franceses en la segunda vuelta de las elecciones ha sido una especie de totalitarismo[17], como defensa contra el fascismo…  Resulta difícil de digerir para algunos, pero la crisis europea que aún perdura justificaría los medios.

A pesar de este sombrío análisis de los mecanismos de la “ineludible ascensión de Emmanuel Macron[18]”, nuestro equipo está algo aliviado frente al mes pasado[19]. ¿Y si el producto del marketing que es Macron se muestra finalmente eficaz contra la crisis?

El hombre compatible

La campaña presidencial francesa de 2017 ha vivido un momento verdaderamente histórico: el debate televisivo que opuso a Marine Le Pen y Emmanuel Macron, un debate que reveló dos cosas: la vacuidad del programa de uno y la muy inesperada densidad del personaje (y del programa) del otro. Nuestro equipo anticipa que Marine Le Pen no se recuperará de este debate, ni tampoco probablemente su partido, el Frente Nacional. El abandono de la sobrina de la familia Le Pen representa una primera constatación de esta anticipación. Aunque esto no tiene por qué ser una buena noticia, pues quedará vía libre para la creación de un nuevo partido de extrema derecha, más moderno y eficaz…

Pero en este debate, no es que Marine Le Pen estuviera mal, es que Emmanuel Macron estuvo excelente y es el responsable directo de la eliminación de la candidata en la segunda vuelta, logrando convencer a muchísimos abstencionistas de ir a votar por él… por una buena razón esta vez, y no como parte de una estrategia de manipulación de los medios.

Gracias al gran alivio de los franceses al haber evitado a Le Pen, combinado con una buena dosis de moral mediática y con el efecto de la novedad, el nuevo presidente puede esperar un inicio de mandato “relativamente” tranquilo (contrariamente a lo que anticipamos hace un mes – aunque hay que decir que con bastante poca convicción). En cualquier caso, no debería ser objeto del linchamiento mediático que sufrió Hollande desde los primeros días de su quinquenio… y la lluvia de buenas noticias económicas debería calmar las aguas entre los más reacios.

El hecho de que su programa se inscriba en la continuidad permite a Macron evitar la desconfianza de los mercados, generalmente acompañada de una fuga de capitales, una caída de las bolsas, una subida de los tipos de interés, etc. Lejos de eso, su pasado como banquero (que, por otra parte, enerva a más de uno) y su faceta probusiness asumida le aseguran una indulgencia bastante útil, considerando que el espectro de la crisis financiera de 2008 sigue acechando. Sin duda alguna, compatible con los mercados.

Gráfico 3 – Tipos de las obligaciones francesas a 10 años, de mayo de 2016 a mayo de 2017. Fuente: Boursorama.

Y también, más que nunca, compatible con Europa.  Como europeo convencido, no oculta su voluntad de reforzar la construcción europea. “Una Francia fuerte (y abierta) en una Europa que la protege[20]”. Si logra mantener esta promesa, significará el regreso de una Francia constructiva y con poder de influencia en Europa, lo que complacerá a muchos países que buscan establecer un contrapeso frente a Alemania (entre ellos, la propia Alemania, como muchas veces decimos: ningún país, pero en especial, Alemania, tiene la capacidad/legitimidad para dirigir la UE o la zona euro por sí solo, y Alemania lo sabe). Además, Macron no representa a la izquierda francesa que tanto desagrada a otros europeos. Al contrario, su programa concuerda con la “izquierda” de otros países de la UE (es decir, con los sociales-liberales), con una clara aceptación de la mundialización y del liberalismo. Por otra parte, proyecta la imagen de hombre brillante, un hombre de palabra con facilidad para captar adhesión (su vertiginosa campaña parece haberlo demostrado ante los ojos del mundo entero), algo necesario para el buen funcionamiento de las instituciones continentales.

Compatible con Alemania. Merkel lo ha apoyado durante su campaña[21] e incluso el intransigente Schäuble, actual ministro de Finanzas alemán, quiere trabajar con él en un proyecto de Parlamento de la zona euro[22]. Si el SPD ganara las elecciones alemanas de septiembre, aunque el candidato Schultz haya apoyado a Hamon[23] (cortesía obligada entre partidos socialistas), Macron también sería compatible, apoyado principalmente por el antiguo presidente del SPD, vicecanciller y ministro de Economía alemán, Gabriel[24] (escribieron una tribuna conjunta sobre Europa en The Guardian[25] en 2015). En dos palabras, cualquiera que sea el resultado de las elecciones alemanas, Macron trabajará gustosamente con Alemania, lo que no complacerá a todo el mundo, pero promoverá la esperadísima reforma de la zona euro.

Asimismo, promete reducir el déficit público francés (bajando los impuestos…), motivo por el que probablemente obtendrá el aval de la Asamblea Nacional que, desde el punto de vista de nuestro equipo, es mayoritariamente de izquierdas. Si lo consigue, adquirirá cierta credibilidad en Europa y particularmente en Alemania.

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