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El boletín mensual del Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP) - 15 Feb 2019
El extracto publico

La progresiva desaparición de todos los yugos de estabilidad del mundo de antes (organizaciones internacionales, tratados, alianzas, regulaciones diversas, etc.) genera una inquietud que puede actuar como estímulo o resultar ser mala consejera…

He ahí la cuestión. La necesidad de cambiar el sistema internacional (financiero, monetario, de gobernanza, democrático…) es evidente, pero en el proceso de transformación hay un punto de inflexión en el que el mundo solo puede cerrar los ojos y saltar. No obstante, en esta transición de un sistema al otro, es la confianza lo que determina el éxito o el fracaso de la iniciativa. A la menor duda, se pierde el camino.

Si no nos equivocamos, el mundo tomó la pista de despegue de un sistema al otro hace tres años, cuando los británicos exigieron abandonar la UE y los estadounidenses eligieron a Donald Trump. En cuanto al despegue en sí, se puede precisar aún más: el verano de 2018 y el profundo cuestionamiento de los principios de la OMC por parte Donald Trump constituyen sin duda el momento del salto al vacío.

El aterrizaje se sitúa en algún momento entre 2019 y 2020, según el viento.

Inevitablemente, en este período de cuestionamiento fundamental del paradigma mundial, vemos desfilar bajo nuestros pies a velocidad acelerada los precipicios y las montañas de los dos mundos que se entrechocan.

Por supuesto, está la temible salida de EE. UU. y Rusia del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), que por otra parte es fruto de una colaboración implícita entre Trump y Putin, que fue el primero en cuestionar este acuerdo que desfavorecía a sus signatarios frente a China desde 2007[1]. Esta retirada hace que los europeos se enfrenten a sus responsabilidades. Cuanto más Muro de Berlín, más paraguas nuclear estadounidense para protegerse. Es momento de comportarse como adultos razonables.

También está la presión y las amenazas de invasión de Estados Unidos a Venezuela para obligar a Nicolás Maduro a soltar el poder, lo que supuestamente desagrada a los rusos. Pero Venezuela es la moneda de cambio por Oriente Próximo que Trump ha dejado a Rusia (a cambio de que ellos pusieran a los turcos e iraníes de acuerdo con los saudíes e israelíes para establecer la paz). El tercer encuentro del formato de Astaná (Irán, Turquía y Rusia) el día de San Valentín[2], seguido de cerca por el encuentro entre Putin y Netanyahu[3] va bien en este sentido, así como las verdaderas perspectivas de fin de la guerra en Siria que al fin están surgiendo[4]

En esta nueva configuración, que suscribe el fracaso del intento de Trump de establecer la paz en Oriente Próximo con Arabia Saudita, esta última se encuentra en una situación no más envidiable que la de su enemigo iraní. Fuertemente criticada por Occidente (incluido Estados Unidos a través del Congreso[5]), Arabia Saudita pierde fuerza, como atestiguan las muy sorprendentes evoluciones recientes en el frente de la guerra en Yemen. Marruecos acaba de generar un gran conflicto diplomático abandonando la coalición saudí contra los hutíes[6], conflicto tanto más significativo cuando el presidente de Yemen, Adbrabbo Mansour Hadi, refugiado (o quizás finalmente «bajo arresto domiciliario) en Riad, se ha unido al nuevo bando marroquí[7]. Todo esto en un momento en que las perspectivas de pacificación en Yemen parecen más convincentes[8].

Y después está la paz coreana, que permite a Rusia y China recuperar el control[9].

Por supuesto, está la negociación entre EE. UU. y China que no tratará únicamente de comercio, sino también de los principios de cogobernanza y división del mundo. Es posible que la Historia sitúe a estas negociaciones en la categoría de los grandes tratados como el de Tordesillas, que dividió el mundo entre españoles y portugueses en 1494[10], o el de Yalta, que organizó el mundo en torno a los estadounidenses y los rusos en 1945[11]. Como ya sabemos, estos grandes momentos de la historia pueden fallar a la hora de sentar unas buenas bases…

Asimismo, está el proceso de divorcio entre la UE y el Reino Unido, que redefine completamente los nuevos principios de cooperación entre los Estados europeos, pero que reabre el camino a una Europa en el que sus principales actores recuperan su margen de actuación. Como prueba de ello, el acuerdo INSTEX (que juzgamos más adelante) representa un paso más hacia la emancipación de las relaciones exteriores y la moneda europea, y es un avance que ha logrado el trío formado por Francia, Alemania y el Reino Unido (¡así es!). Otra prueba de ello es que la Europa de la energía, de la que hablamos en este número, conecta los mercados de electricidad alemán, austriaco, francés…y suizo (¡de nuevo, así es!). Las retiradas estruendosas (Reino Unido) o no (Francia) de la UE fortalecen a Europa.

Pero, ¿combinará esta nueva Europa sus diferencias para formar complementariedades o recreará las condiciones para que resurjan sus viejos demonios? La increíble crisis diplomática entre Francia e Italia no es un presagio demasiado bueno[12]. De las elecciones europeas de 2019 cabe esperar que sean las elecciones más europeas y democráticas de la historia de Europa y que puedan conectar al proyecto con sus ciudadanos… Con todos los peligros que plantea esta conexión en plena crisis. De nuevo, «no dudar». ¿Confiarán las élites europeas suficientemente en los ciudadanos (y viceversa)? ¿Sabrán aceptar y guiar las decisiones de un pueblo europeo que cada vez las teme más?

Chalecos amarillos en Francia, catalanes en España… los pueblos desestabilizan a los Gobiernos que gestionan las crisis heredadas de periodos anteriores. Es la paradoja del «tiempo de percolación» que hemos señalado en muchas ocasiones, asociada al desfase entre la llegada de los problemas, su percepción por parte de los ciudadanos y la traducción en reacciones populares. Pero esta ira alimenta fuerzas que combinan los programas duros de los «populistas» y los programas de seguridad de las tecnocracias, y podrían dispersar a los últimos defensores de una Europa de las libertades.

Además, los problemas específicos del mundo de después comienzan a aparecer cuando los del mundo de antes aún no están totalmente solucionados. El mejor ejemplo de ello es el atentado terrorista que acaba de producirse en la frontera entre la India y Pakistán, en Cachemira[13], una encarnación de las preocupaciones que venimos expresando desde hace al menos un año[14] en relación con el liderazgo de Narendra Modi, pues el BJP y sus diversas milicias y grupos de extrema derecha no han parado de perseguir a los musulmanes. Un atentado que, sin embargo, estigmatiza de nuevo a los musulmanes de la región. Evidentemente, la comunidad internacional se apresura a condenarlo a pesar de no haber oído mucho sobre todas las provocaciones y persecuciones de las tropas del BJP en los últimos años. Ciertamente, Modi va a verse beneficiado por esto en unas elecciones cuya victoria tiene cada vez menos asegurada, teniendo en cuenta el tibio balance de su primera legislatura. Una segunda legislatura de Modi podría desembocar en una catástrofe regional, a nivel interno para las minorías y a nivel externo con riesgos de guerra entre la India y Pakistán (dos potencias nucleares, por favor…) o incluso entre la India y China (la extrema derecha hindú es igualmente antichina).

Las buenas dinámicas del BRICS no podrán impedir este tipo de evolución, visto el estado en el que las deja el férreo desprecio por el que europeos y estadounidenses han acogido esta iniciativa desde el principio. La OCS es el nuevo marco, mucho más militarizado, que trabaja para la paz regional. Es cierto que sus miembros lograron que la India y Pakistán se incorporasen en 2017, pero ¿bastará con esto?

En el frente financiero, como argumentamos ampliamente a continuación en este número, nos encontramos al borde de un gigantesco cambio, para el que también será necesaria una gran confianza, como sugiere el discurso de Christine Lagarde del 14 de noviembre en Singapur: «La escucho decir: déjanos seguir navegando. No tengo miedo. (pausa) Yo, no tengo miedo[15]«.

Por último, está el próximo salto tecnológico que va a iniciar la tecnología 5G este año[16]. Un salto que se traducirá en una nueva etapa de transformación social, con sus ganadores y sus víctimas colaterales.

«Con los ojos cerrados», decíamos. En efecto, es así como tiene lugar esta transición: los principales actores de la gran transición sistémica global operan cada vez más alejados de los radares mediáticos, que son incapaces de comprender o dar cuenta de las colosales evoluciones en curso. Nuestro sistémica mediático occidental ha perdido el hilo de su misión, que no es juzgar ni criticar, sino informar y explicar los complejos problemas y políticas a los que se enfrentan nuestras sociedades y sus líderes. En Francia, hasta el mínimo programa de debate político se ha convertido en una sesión de chistes entre parisinos que están de moda. Sin embargo, no hay nada divertido en lo que la sociedad está atravesando actualmente, ni en el trabajo de sus dirigentes por conducir el embravecido río de la Historia hacia orillas más apacibles.

________________________________

[1]     Fuente: The Guardian, 12/10/2007

[2]     Fuente: Daily Sabah, 14/02/2019

[3]     Fuente: Haaretz, 05/02/2019

[4]     Fuente: Haaretz, 14/02/2019

[5]     Fuente: Mother Jones, 13/02/2019

[6]     Fuente: AlJazeera, 08/02/2019

[7]     Fuente: Le1.ma, 08/02/2019

[8]     Fuente: Irish Times, 03/02/2019

[9]     Fuente: Charlotte Observer, 14/02/2019

[10]   Fuente: Wikipedia

[11]   Fuente: Wikipedia

[12]   Fuente: Quartz, 12/02/2019

[13]   Fuente: The Economic Times of India, 15/02/2019

[14]   Fuente: GEAB n°124, 15/04/2018

[15]   Fuente: IMF, 14/11/2018

[16]   Fuente: Business Insider, 17/01/2019

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